Una Cuba no contada en los medios de comunicación.

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Intervención de Cristina Escobar en el encuentro de la Presidencia con periodistas y comunicadores sociales

Gracias Presidente por esta oportunidad de hablar a camisa quitada y decir muchas cosas, en tiempos en que es más importante que nunca decir lo que uno piensa por el bien de la Revolución. Yo quiero transmitir una preocupación que ya transmitimos a lo interno del ICRT, contarles que tuvimos reuniones donde hubo debates muy fuertes con el presidente y varios compañeros y se está tomando una serie de decisiones para tener ese impacto en pantalla que tanto la gente necesita.

Estamos trabajando en eso, no será con el alcance quizás que soñamos porque la prensa está insertada en un sistema social mucho más complejo y de eso depende también cómo nosotros trabajemos. Pero hay un sentido de la urgencia y de lo que hay que cambiar al interior de ICRT y un diálogo honesto con los decisores. Y yo creo que eso es muy importante y no siempre ha habido ese ambiente en mi breve vida profesional. El 11 de julio hay un elemento que yo creo que tenemos que lamentar, hay dos elementos fundamentales que yo creo que tenemos que lamentar.

Uno que la prensa cubana no cubrió lo que sucedió en la calle, hicimos autopsia. Y entonces hay que coger esas imágenes nefastas de los celulares, hay que coger lo que contaron otros. Cuando en algunos momentos, eso lo decíamos en la reunión y me paro también aquí para hablar en nombre de mis colegas, que la orientación fue defender el edificio y no salir a la calle. Eso no nos puede volver a pasar que en frente del ICRT tengamos un grupo de gentes, nuestras cámaras no salieron y el cuento lo hacen ellos, y la narrativa la ponen ellos, eso no nos puede pasar porque el cuento tiene que ser de nosotros también. No es que aquel no sea, es que nosotros tenemos que contarlo sin tener que estar reaccionando o defendiéndonos.

Eso es por un lado y por el otro algo que yo estoy muy feliz de las cosas que he escuchado aquí. Escuchar a Lirian, a Ana Teresa, a Rosa y a Julio García Luis en cada uno de ellos que es mi decano también. Hay una Cuba no contada en los medios de comunicación, eso se ha dicho aquí de una u otra forma, hay una Cuba postergada, preterida, al margen de los beneficios de la Revolución que está en los barrios.

Hay que hablar como habla la gente, hay que hablar de las preocupaciones de la gente. Y hay que hablar en los lenguajes de la gente.

Cristina Escobar

El Presidente yo creo que lo describió muy bien en la Mesa Redonda del miércoles posterior al 11 de julio. Y ahí hay que ir a contarlo, pero no hay que ir a contarlo desde la corrección política extrema que a veces imprimen todos los medios de comunicación, el discurso políticamente correcto ya no comunica. Hay que hablar como habla la gente, hay que hablar de las preocupaciones de la gente. Y hay que hablar en los lenguajes de la gente. Y sí, hay una gran cantidad de jóvenes que se enorgullecen de decir que no ven el Noticiero, que no leen Granma, que no siguen a los medios públicos en las redes. Y ya, no tenemos la hegemonía pero hay que ir a fajarse por esa audiencia. Porque ahí opera el enemigo, porque así tiene puestas las estrategias y el dinero. Y yo creo que con eso no hay tiempo que perder.

Cristina Escobar en el encuentro de la Presidencia con periodistas y comunicadores sociales

Yo creo que hay fortalezas y referentes positivos, Alma Mater es uno de ellos porque va hasta donde está la audiencia, con decenas de grupos en Whatsapp, porque escribe como los jóvenes escriben, porque va rápido, porque hoy a las siete de la mañana ya estaba lo de ETECSA en el grupo de Whatsapp. Hay que ir a donde está la agencia, la gente, la audiencia. Hay que poner el recurso humano y material donde más efectivamente se pueda usar. A lo mejor la mejor idea no era hacer un Canal Caribe nuevo, a lo mejor era crecer hacia las redes y no crecer en la pantalla, porque ¿dónde está la gente? ¿Está en la pantalla sentada a las ocho de la noche? Hay que pensarse eso y allí es dónde hay que crecer.

Y los referentes Alma Mater, Invasor, Katia Siberia, Sailí Sosa, Yuli de Cuba, Paquito. Hay gente haciendo las cosas bien. ¿Por qué en unos contextos se hace y en otros no? Yo creo que eso hay que estudiarlo. ¿Por qué Invasor está pudiendo hacer un trabajo tan espectacularmente bueno desde la prensa provincial? ¿Por qué? Que ya no es provincial, olvidémonos de eso, está en Facebook, está en internet.

Ya el discurso de Ciego de Ávila es el discurso mío en La Habana, es el discurso del cubano en Madrid. No importa, ya eso trascendió. Entonces hay que pensar por qué ellas sí pueden y por qué otros no. Y también preguntarse ¿por qué la televisión con las presiones que tiene del escrutinio de la pantalla no es capaz de trascender los hilos inevitables que existen entre el Partido provincial y los telecentros?

Donde el reporte de televisión desde una provincia parece un comunicado del partido provincial y no una pieza periodística. Y eso pasa en el 90% de los casos y lo digo con toda la responsabilidad. Y eso afecta a la Revolución y afecta el mensaje de los dirigentes del Partido.

Decía Sailí Sosa contando sobre Tapia en Ciego de Ávila: es un tren trabajando. Eso yo no lo vi en la televisión. Yo lo vi en una reunión sentado. La reunión. Cuando usted Presidente fue a San Isidro el reporte fue de su reunión en San Isidro. No. Era sobre usted en la calle. Eso es periodismo. Eso no es… Hay que sacar de la reunión al dirigente político, porque parece que eso es todo lo que hace. Porque necesariamente la prensa es una construcción de omisiones y uno tiene que escoger y hacerlo inteligentemente. Y hay que poner al dirigente como lo hacen, esa es la realidad, no lo estamos inventando. Entonces hay que sacarlo de la corrección política, de la reunión, de la rigidez.

Y ponerlo en su interacción con la gente, que pasa, eso no es mentira. Pero eso tiene que partir del hecho de que la decisión del reportaje sobre San Isidro tiene que tener una decisión periodística: ¿cómo va a ser, cuál es la noticia aquí, la reunión con los factores que usted está teniendo tantas otras con sectores, o es la interacción con el pueblo, la imagen fresca, linda, optimista, que ofrece esperanza de ver al Presidente interactuando con las personas en una zona preterida, en un barrio empobrecido? Yo soy de Luyanó, a mí nada de eso me es ajeno.

Yo nací en Luyanó, nada de esta historia me es ajena. Pero reconozco y repito, porque aquí se han dicho palabras muy importantes, como lo que dijo Lirian al principio, reconozco mi privilegio de mujer blanca hija de universitarios. Eso es un privilegio. Y hay mucha gente que salió el 11 de julio que no tiene esos privilegios, y son parte también de este pueblo. Y a ellos hay que hablarles, y ellos tienen que identificarse con el discurso de los medios de comunicación. Esto no es una obsesión ni chovinismo profesional: todo fallo del sistema de medios, y que bueno escuchar a Ronquillo, es un fallo del sistema de comunicación de la Revolución, del Gobierno, y a mí me obsesiona y yo sé que comparto esa obsesión con otros.

A mí, y en esto estoy pidiendo ayuda, persiste una mentalidad de plaza sitiada. Y entonces, como decía Ronquillo pero vamos a traducirlo en ejemplos, yo como prensa cargo con las quejas y las insatisfacciones de la gente cuando no fue mi rol explicar lo que tenía que explicar el MINCIN, el MININT, el que sea. Esa no es mi pincha. La mía es otra.

Pero entonces los que no lo hacen, la culpa es mía al final. Entonces voy a poner un ejemplo, porque no quiero malgastar el tiempo de nadie: con el tema del 11 de julio está pendiente el tema de qué ha sucedido con los detenidos, y por qué. Pero también están pendientes las historias de heroicidad de los policías, del que vio al compañero morir, del que se escondió detrás de una columna y la orientación fue: no saques el arma.

De que el policía es pueblo. Esos testimonios que existen, la historia de Tania la coronel, las historias de heroicidad de los policías. Entonces lo que han hecho es robarnos la narrativa de la violencia policial, que no es que no haya podido existir en un momento u otro, el tema es que también hay mucho policía heroico que está dando la batalla de una manera que no se paga con dinero, por alto que sea su salario.

Esas historias no están en ningún lugar. ¿Y eso es decisión de quién? Del Ministerio del Interior, no es mía como Sistema Informativo o de Lázaro Manuel Alonso que es ahora mismo el director interino porque nuestro director está positivo a la Covid. Eso es decisión de otros. Y entonces se reproduce el esquema de que cualquiera manda sobre la prensa. Entonces yo oigo aquí a los colegas: los ministerios no nos hablan. Nosotros tenemos el problema al revés: nos hablan demasiado y quieren que digamos lo que ellos quieren, en los formatos que ellos quieren, en el horario y en las extensiones que ellos quieren.

Lázaro Manuel Alonso

Y es muy difícil construir un mensaje periodístico, formatos adecuados, cuando no son periodistas – cuando digo periodistas digo personas que saben de comunicación no es que hayan estudiado periodismo sino personas que sepan de la comunicación – decidiendo cómo se cuentan las cosas. Entonces, perdón, no es la dirección general de la policía la que decide cómo contar lo que vivió Tania, la coronel que defendió, la jefa que defendió el Capitolio, no.

Yo le agradezco el testimonio pero son periodistas profesionales, porque si no se pierde la historia, se diluye, y entonces a mí lo que me duele de todo esto es el inmenso poder que tenemos porque si hay redes y si hay colonización, pero el noticiero de las ocho de la noche se ve, marca tendencia en este país.

Eso es un súper poder, eso es petróleo echado por la alcantarilla. En este momento eso es Julio César la Cruz pero sin medalla de oro. Entonces, eso es una cosa, a mí me obsesiona, a mí eso me preocupa mucho, porque veo lo lento y lo difícil que es a veces construir una narrativa diferente desde ese noticiero. Y algo que dijimos en la reunión del ICRT: el hábito de consumo de la noticia está en el noticiero de las ocho, menos en el de la una, público diferente en la revista. Pero ahí es donde hay que concentrarse.

Yo no hago nada, y no me malinterprete ningún colega, yo no hago nada con empujar a otros programas a la Fiscalía, a la persona que está explicando por ejemplo cuál es el procedimiento que se hace con una cosa o con otra que tenga que ver por ejemplo con el 11 de julio, la gente lo que ve es el noticiero, el que lo ve. Entonces hay que poner el recurso humano, informativo, político, material, en donde tenemos más capacidad de efectividad. Y esto que estoy diciendo ha sido dicho con nuestro jefe y yo creo que ha sido muy bien tomado y hay estrategias con esto. Y otra cosa que yo estoy diciendo aquí porque creo que es útil ventilarlas: la estrategia con Cuba es dividirnos, es el discurso de odio, es que nos odiemos, es que nos dividamos, es que digamos ellos y nosotros.

Y eso, y así, así lograron, esa es una estrategia mundial, eso no está específica para nosotros es una estrategia mundial, pero obviamente con Cuba están creadas las plataformas y el dinero está. Entonces todo ejercicio que desde los medios públicos y oficiales reproduzca o ayude a ese discurso de odio está contribuyendo con el enemigo. No podemos normalizar el odio en nuestros discursos periodísticos.

Y puede ser que yo lo entreviste y me lo diga, lo corto, no lo digo, no lo pongo. Decida periodista, profesional, jefe, decida, no se pone. El funcionario que dice una mentira y que diga que todo está garantizado y es mentira no lo ponga. Sea donde sea, es un sentido de responsabilidad, porque cada mentira que sale ahí nos desacredita y desacredita al presidente y desacredita a la Revolución.

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